Cómo combatir el insomnio

Con sólo cambiar hábitos se puede revertir el problema. Es la solución para la mitad de los casos. Hay 10 conductas frecuentes que provocan inconvenientes de sueño.

Tardar horas en conciliar el sueño; despertarse varias veces durante la noche; sentir por la mañana que el descanso no fue suficiente.

Y lo peor, al día siguiente: la tortura de trabajar, estudiar y encarar las actividades cotidianas agotado, somnoliento y malhumorado.

Entre un 30 y un 40% de la población adulta sufre problemas para dormir en algún momento del año , según datos del Centro de Estudios sobre Trastornos del Sueño de EE.UU. ratificados por encuestas en América Latina.

Frente a esto, lo más común es que las personas se resignen o se automediquen. Otros, más sensatos, recurren al médico. Lo que muchos no saben es que, en la mitad de esos casos, la solución consiste, simplemente, en cambiar una serie de hábitos muy comunes que impiden conciliar el sueño y disminuyen su calidad.

Consultados por Clarín , especialistas en medicina del sueño señalaron cuáles son las conductas más habituales que atentan contra el descanso (ver “Lo que no…” ). Mirar televisión o usar la computadora en la cama antes de dormir, por ejemplo, son acciones muy desaconsejadas.

“Lo ideal es que el dormitorio sea un lugar oscuro y templado que sólo se use para dormir y tener relaciones sexuales; el trabajo y las preocupaciones deben quedar afuera ”, aconseja Pablo Ferrero, médico del Instituto Ferrero de Neurología y Sueño.

También recomiendan acostarse y levantarse siempre a la misma hora, evitando lo más posible los desajustes.

Y para que resulte más fácil conciliar el sueño, la indicación es no hacer ejercicios físicos fuertes por la noche, dedicarse a actividades relajantes antes de acostarse (como leer una novela, meditar o darse un baño caliente) y no dormir por la tarde siestas que duren más de 30 minutos.

“Si la población cumpliera estas pautas sencillas, que parecen de abuela, el 50% las personas con problemas para dormir tendrían mejoras notables . Son reglas muy simples, pero el 80% de la gente no las respeta y las consecuencias son graves”, dice Mirta Averbuch, jefa la Unidad de Medicina del Sueño del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro.

El resto de los consejos tienen que ver con la alimentación: cenar liviano y al menos dos horas antes de ir a la cama, comer postres sin mucha azúcar y no tomar demasiado líquido . Los estimulantes, por su parte, como el té, el mate y el café, están contraindicados hasta seis horas antes de irse a dormir. Y la prohibición es rotunda para el cigarrillo y el alcohol.

¿Qué más se puede hacer para dormir mejor? No acostarse hasta no estar cansado, no intentar compensar el sueño y, en caso de despertarse de madrugada, no levantarse a comer, recomiendan.

“Uno no se puede acostar de golpe y pretender quedarse dormido al instante. Es necesario ir preparando el cuerpo y la mente en las últimas horas del día. Eso implica un aprendizaje de hábitos y un entrenamiento que hace que el cuerpo se acostumbre y uno duerma mejor”, afirma Averbuch.

“Los insomnes suelen buscar soluciones espontáneas al problema que sólo aumentan la dificultad para dormir . Lo que se hace a través de estas reglas es educar al paciente para que desarrolle hábitos y actitudes más compatibles con el descanso”, agrega Pablo López, psicólogo coordinador de los tratamientos del insomnio en el Instituto de Neurología Cognitiva (INECO). “Al cambiar los hábitos las personas realmente mejoran, y si es un insomnio primario, no asociado a un trastorno de sueño, trabajar sobre lo que llamamos higiene del sueño produce mejorías en un 80% de los casos”.

Ferrero coincide en que “sólo con cambiar los hábitos el 50% de las personas con problemas para dormir podrían sanarse y evitar llegar al médico”. Y agrega que, según su experiencia, 9 de cada 10 de los que sí llegan al consultorio mejoran notablemente cuando logran erradicar las costumbres perjudiciales.

Genera mal humor y riesgos cardíacos

El insomnio es el más extendido de los problemas de sueño. Se estima que afecta hasta a un 40% de la población adulta, y se da con más frecuencia en mujeres y ancianos. Pablo Ferrero, médico especialista en sueño, define el trastorno como la “ausencia involuntaria de descanso” y explica que puede presentarse de tres formas, solas o combinadas: dificultad para conciliar el sueño, imposibilidad de dormir sin pausas y despertarse mucho antes de lo previsto.

“Es el problema más común, y también el más subestimado. La gente suele acostumbrarse y no lo considera importante. O peor aún, suelen tratarlo con el primer fármaco que algún amigo les recomienda, lo que puede agravar el problema”, explica Ferrero.

Lo peor del insomnio, sin dudas, son sus consecuencias en la vida de las personas que lo sufren. Durante el día, la falta de sueño pasa factura en forma de cansancio crónico, dolores de cabeza, alteraciones en el ánimo (mal humor y depresiones) y una somnolencia incontrolable.

El sueño escaso, dicen los expertos, también altera la conducción cardíaca, baja las defensas y disminuye la respuesta sexual, la concentración y la memoria. Estudios hechos en Estados Unidos concluyeron que los insomnes rinden en el trabajo o en la escuela como alguien alcoholizado, y se duplican los riesgos de accidentes de tránsito.

En muchos casos, la persona mejora cuando cambia sus hábitos y adopta técnicas de relajación. Sólo en cuadros más graves los médicos recetan fármacos. Entre estos, explica Ferrero, hoy los más usados son los “hipnóticos no benzodiacepínicos” o “fármacos Z”, porque aceleran la conciliación del sueño, permiten un descanso más profundo, no generan mucha dependencia y su efecto se disipa al despertar.

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Relacionan la apnea del sueño con un mayor riesgo de muerte por cáncer

El cáncer compensa y se propaga en búsqueda de oxígeno, sugiere investigador

Por Serena Gordon – Reportero de Healthday

La apnea del sueño ya se ha relacionado con una variedad de problemas de salud, como hipertensión y enfermedad cardiaca. Ahora, una investigación reciente sugiere que en las personas que ya han tenido cáncer, el trastorno del sueño podría aumentar el riesgo de morir de cáncer.

Las personas con la apnea del sueño más grave (los que tienen 30 o más episodios con poco o ningún oxígeno en una hora de sueño) tenían casi cinco veces el riesgo de morir de cáncer que las personas sin apnea del sueño.

“La apnea del sueño es la pausa periódica en la respiración durante el sueño que resulta en niveles bajos de oxígeno en sangre. Provoca ronquidos y somnolencia diurna”, explicó el autor del estudio, el Dr. Javier Nieto, presidente del departamento de ciencias de la salud poblacional de la Facultad de Medicina y Salud Pública de la Universidad de Wisconsin, en Madison.

“Además de ser una molestia para el cónyuge, los familiares e incluso quizás los vecinos, dependiendo de qué tal altos sean los ronquidos, la apnea del sueño es un problema grave. La somnolencia durante el día puede aumentar el riesgo de accidentes, y la apnea del sueño se asocia con enfermedad cardiovascular, enfermedad cardiaca, accidentes cerebrovasculares, hipertensión y mortalidad cardiovascular. Ahora observamos un nuevo ángulo: una mayor mortalidad por cáncer”, apuntó Nieto.

Nieto presentó el estudio el domingo en la Conferencia Internacional de la Sociedad Torácica Americana (American Thoracic Society) en San Francisco.

Nieto dijo que el nuevo estudio fue sugerido por investigadores de la Universidad de Barcelona, en España, que hallaron que cuando los ratones se veían privados de oxígeno periódicamente, los tumores del cáncer de piel creían más rápido. Y en el laboratorio, las células de cáncer privadas de oxígeno producen moléculas que estimulan el crecimiento de los vasos sanguíneos, en un intento por conseguir más oxígeno, señaló.

Nieto y los investigadores españoles se preguntaban si este efecto era igual en humanos. Para evaluar la teoría, revisaron datos de más de 1,500 personas incluidas en la Cohorte de sueño de Wisconsin. Este estudio incluyó 22 años de datos sobre la mortalidad, además de información de estudios del sueño.

Los investigadores ajustaron los datos para tomar en cuenta la edad, el sexo, la masa corporal, el tabaquismo y otros factores que podrían afectar el riesgo de muerte por cáncer, y hallaron que la apnea del sueño aumentaba el riesgo de muerte por cáncer. También hallaron que mientras más grave era la apnea, más probabilidades habían de que una persona muriera de cáncer.

Las personas con apnea del sueño leve (de cinco a 14.9 episodios de poco o ningún oxígeno en una hora) tenían un aumento de 10 por ciento en el riesgo de muerte por cáncer, mientras que las que tenían apnea del sueño moderada (de 15 a 29.9 episodios de poco o ningún oxígeno en una hora) tenían el doble de riesgo de muerte por cáncer. Las que tenían apnea del sueño grave (más de 30 episodios de poco o ningún oxígeno por hora) tenía 4.8 veces más riesgo de morir de cáncer.

Nieto dijo que el estudio no probó una relación causal, pero que la relación fue bastante potente. Y anotó que los hallazgos concordaron en humanos, animales y células.

Añadió que esta asociación cuenta con un mecanismo plausible. Cuando se sufre de cáncer y se tienen episodios repetidos de poco o ningún oxígeno, las células cancerosas “intentan compensar la falta de oxígeno al crear vasos sanguíneos adicionales para conseguir más oxígeno. Es un mecanismo de defensa”, apuntó Nieto. Y a medida que esos vasos siguen creciendo, ayudan al tumor a propagarse, explicó.

El Dr. Steven Park, especialista en medicina del sueño y otorrinolaringología del Centro Médico Montefiore en la ciudad de Nueva York, apuntó que los hallazgos no le sorprendieron.

“Esto va mano a mano con la relación entre la apnea del sueño y más bien todas las afecciones médicas crónicas”, dijo Park. Pero añadió que los hallazgos de este estudio deben ser confirmados por otras investigaciones, e idealmente publicados en una revista revisada por profesionales. Las investigaciones presentadas en reuniones médicas se deben considerar como preliminares hasta que se publiquen en una revista médica revisada por profesionales.

“Todo el que ronque, tenga fatiga diurna severa, falta de memoria o concentración, hipertensión, diabetes e incluso alguien que tiene que levantarse para ir al baño de noche debe ser evaluado por apnea del sueño”, planteó Park. Añadió que es posible sufrir de apnea del sueño sin roncar, sobre todo las mujeres. Si duerme suficiente de noche y aún así se siente cansado de día, es importante que lo comente al médico.

Park dijo que hay dispositivos de monitorización en casa que se pueden usar para evaluar a las personas inicialmente.

Nieto enfatizó que tratar la apnea del sueño mejora la calidad de vida, además de reducir el riesgo de hipertensión y enfermedad cardiovascular. Y si tiene cáncer, tratar la apnea del sueño podría aumentar las probabilidades de sobrevivir al cáncer, dijo.

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Dormir más el fin de semana reduce el riesgo de diabetesdormir diabetes

Un experto aseguró que las personas sanas podrían reducir el riesgo de diabetes si se ponen al día durante el fin de semana con las horas de sueño que perdieron durante la semana.

metroecuador.com

Antes de que inicie el fin de semana te aconsejamos que lo aproveches para dormir un poco más de lo habitual porque podría ser un beneficio para tu salud. Un nuevo estudio realizado por científicos de la Universidad de Chicago, EEUU, ha evidenciado que el sueño prolongado durante el fin de semana puede ayudar a reducir el riesgo de sufrir diabetes.

La investigación ha reconocido que las horas extras que dormimos el fin de semana tienen importantes implicaciones para cualquier persona que pudiera estar al borde de la diabetes.

“Los jóvenes, personas sanas, que esporádicamente no logran dormir lo suficiente durante la semana de trabajo pueden reducir su riesgo de diabetes si se ponen al día con el sueño durante el fin de semana”, explica, Esdras Tasali, líder del estudio.

Expertos alteraron los horarios de sueño de 19 voluntarios varones sanos. Primero, pudieron dormir durante 8,5 horas durante 4 noches. Luego, solo pudieron dormir 4,5 horas durante las siguientes 4 noches.

Para las dos siguientes noches, los voluntarios pudieron dormir todo lo que desearan: la media fue de 9,7 horas por noche. El control de la insulina fue el factor común de todas las sesiones del experimento.

Los resultados revelaron que tras las primeras cuatro noches de privación de sueño, la sensibilidad a la insulina se redujo un 23% y su riesgo de diabetes aumentó un 16%. Sin embargo, tras las dos noches de sueño prolongado, ambos parámetros volvieron a la normalidad.

La diabetes es una enfermedad compleja. Anteriores estudios, como el publicado en la revista Diabetes Care señalaron que dormir entre 7 y 8 horas diarias reducía el riesgo de sufrir diabetes tipo 2, de lo contrario estaba asociado a un aumento significativo del riesgo.

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Dormir poco, mal o a deshoras nos predispone a enfermar

Investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Yale han descubierto que el éxito del sistema inmune del organismo cuando tiene que luchar contra una enfermedad depende de su ciclo circadiano de 24 horas, es decir, del reloj biológico. Y que, por lo tanto, a ciertas horas del día somos más vulnerables al ataque de los virus y las bacterias.

“La gente sabe intuitivamente que, cuando alteran sus patrones del sueño, por ejemplo porque se despiertan a media noche o porque se acuestan muy tarde, están más predispuestos a enfermar” asegura Erol Fikring, epidemiólogo y coautor del estudio que publica la revista Inmunity.

En sus experimentos revelaron que, en ratones, el reloj circadiano controla el nivel de actividad de un gen del sistema inmune que responde a la presencia de virus y bacterias. Cuando más se expresa este gen (TLR-9), mejor se enfrenta al organismo a las infecciones. Y si se administra una vacuna en el momento de máxima actividad de TLR9, la inmunización también resulta mucho más efectiva.

Según Fikrig, de los resultados se deduce que interrumpir nuestro horario normal, y por tanto alterar el ritmo circadiano, por ejemplo pasando una noche en blanco, nos hace más vulnerables a la invasión de virus y bacterias. Y que el jet lag, que se produce cuando viajamos a través de varias franjas horarias, también nos predispone a contraer gripes, resfriados y otras infecciones.

Por otra parte, analizar cuáles son los “picos” de actividad del gen a lo largo del día (y la noche) en diferentes individuos podría dar lugar a estrategias terapéuticas diseñadas para optimizar la respuesta inmune y proteger a los pacientes en el momento en que son más vulnerables. De momento, se sabe que entre las 02:00 y las 06:00 de la madrugada las infecciones son más graves y el riesgo de mortalidad resulta mayor, sobre todo en unidades de cuidados intensivos (UCis) en hospitales. Evitando la luz artificial para respetar el sueño de los enfermos en estas unidades, y eliminando el ruido a ciertas horas, podrían evitarse muchas complicaciones, concluye Fikring.

 

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Las noches de insomnio podrían fomentar el uso excesivo de Facebook durante el día, según un estudio

Unos investigadores hallaron que menos sueño se vinculaba con una conducta más distraída y con la navegación en la computadora

healthfinder.gov

La falta de sueño podría ser el motivo de que alguien pase tanto tiempo en Facebook durante el día, sugiere una investigación reciente.

Los autores del estudio siguieron a 76 estudiantes universitarios durante siete días, y encontraron que dormir poco se vinculaba con unas actividades en línea más frecuentes, como navegar por Facebook.

“Cuando uno duerme menos tiende a distraerse más”, dijo en un comunicado de prensa de la Universidad de California la investigadora líder, Gloria Mark, profesora de informática de la universidad, en Irvine. “¿Si uno se distrae, qué hace? Va a Facebook. Es leve, es fácil y uno está cansado”.

“Ha habido muchos estudios sobre cómo la tecnología afecta al sueño. Hicimos lo contrario: observamos cómo la duración del sueño influye sobre la utilización de la tecnología de la información”, explicó Mark.

El estudio encontró un vínculo directo entre la falta de sueño a largo plazo, un declive en el estado de ánimo y una mayor utilización de Facebook. También halló que mientras menos dormía la gente, más cambiaba su atención entre distintas pantallas de computadora, lo que sugiere que se distraían con mayor facilidad.

Pero los investigadores solo hallaron una asociación entre las horas de sueño y las actividades diurnas en línea, sin probar causalidad.

Mark presentará los hallazgos en la Conferencia sobre la Interacción entre Computadoras y Humanos ACM en San José, California, en Mayo. Las investigaciones presentadas en reuniones se deben considerar preliminares hasta que se publiquen en una revista revisada por profesionales.

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El insomnio crónico puede incrementar un 45% el riesgo de sufrir un infarto

El índice de masa corporal y presión arterial son dos factores altamente correlacionados con este trastorno

Un grupo de investigadores noruegos ha encontrado indicios de que el insomnio crónico podría incrementar un 45% el riesgo de sufrir un infarto en el corazón. El estudio se basa en una muestra de 52.610 hombres y mujeres que contestaron a un cuestionario por escrito en el que se les preguntó con qué frecuencia tuvieron dificultad para dormirse, con qué frecuencia se despertaron y no pudieron volver a dormir, y con qué frecuencia se despertaron con la sensación de que habían dormido mal.

Se les hizo un seguimiento durante 11 años y, después de ajustar los resultados por centros de salud y distintos factores de estilo de vida, encontraron que los sujetos que tienen dificultades para conciliar el sueño pueden ver incrementado un 45% el riesgo de sufrir un infarto de miocardio. El porcentaje desciende al 30% en las personas con problemas para permanecer dormido y al 27% en el caso de aquellos que se despertaron cansados.

Los investigadores no tuvieron en cuenta la apnea del sueño -que está asociada con la enfermedad cardiovascular-, pero valoraron el índice de masa corporal y presión arterial, dos factores altamente correlacionados con este trastorno.

“Este es sólo un estudio. Se necesitan más para tratar de explicar los mecanismos que subyacen a estas asociaciones, que no están claras”, reconoce el autor principal del informe, el doctor Lars E. Laugsand de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología.

 

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Usar demasiado los medios sociales podría alterar su sueño, según un estudio

Cuanto más tiempo pasaban los adultos jóvenes en internet, más difícil era que estuvieran bien descansados, según los investigadores

healthfinder.gov

Los adultos jóvenes que pasan demasiado tiempo en Facebook, Twitter e Instagram podrían pagar por ello el precio de dormir mal, según sugiere una nueva investigación.

“Se trata de una de las primeras evidencias de que el uso de los medios sociales realmente puede alterar el sueño”, comentó la autora principal, Jessica Levenson, investigadora posdoctoral en psiquiatría en la Facultad de Medicina de la Universidad de Pittsburgh, en un comunicado de prensa de la universidad.

Su equipo examinó el uso de los medios sociales y los problemas de sueño de casi 1,800 estadounidenses de 19 a 32 años de edad.

En promedio, los participantes dijeron que habían pasado 61 minutos al día en los medios sociales y que habían visitado sitios web de medios sociales 30 veces a la semana. Casi el 30 por ciento de los participantes también dijeron que sufrían de problemas para dormir.

Aunque el estudio no pudo demostrar que hubiera una relación causal, el equipo de Levenson halló que las personas que pasaban más tiempo en los medios sociales cada día tenían el doble de probabilidades de tener problemas para dormir que los que pasaban menos tiempo en los medios sociales.

Las personas que entraban en los medios sociales más a menudo durante la semana también tenían el triple de probabilidades de tener problemas para dormir que los que entraban con menos frecuencia, halló el estudio.

Los hallazgos, que aparecen en línea como adelanto a la publicación de la edición impresa de abril de la revista Preventive Medicine, sugieren que los médicos deberían preguntar sobre los medios sociales cuando evalúen los problemas de sueño en los adultos jóvenes, afirmaron los investigadores.

Los adultos jóvenes encuestados en el estudio “son, se podría decir, la primera generación que crece con los medios sociales”, indicó Levenson.

El autor principal del estudio, el Dr. Brian Primack, afirmó que hay una serie de maneras en las que navegar demasiado por los medios sociales podría dificultar que se duerma bien por la noche.

Por ejemplo: podría reemplazar al sueño, como cuando alguien se queda hasta tarde usando los medios sociales; podría provocar la activación emocional, mental o física, como cuando se discute con alguien, o la luz brillante que emiten los dispositivos podría alterar los ritmos circadianos del cuerpo.

Algunos adultos jóvenes quizá usen también los medios sociales para pasar el tiempo cuando no pueden dormir o volver a dormirse, indicó Primack, que dirige el Centro para la Investigación sobre los Medios de Comunicación, la Tecnología y la Salud de la universidad.

“La dificultad para dormir podría llevar a un aumento del uso de los medios sociales, lo que a su vez podría llevar a tener más problemas de sueño”, dijo. “Este ciclo podría ser particularmente problemático con los medios sociales, porque muchos de ellos ofrecen un tiempo de pantalla interactivo que es estimulante y gratificante, y, por tanto, potencialmente perjudicial para el sueño”.

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Más evidencia de que el alcohol impide un buen sueño

Sobre todo entre los que beben más, la última copa de la noche podría llevar al insomnio, afirman investigadores

Tal vez sea mejor que prescinda de esa copa antes de acostarse, sugiere un estudio reciente.

Investigadores japoneses informan que el alcohol impide las funciones restauradoras del sueño.

Los hallazgos de un estudio con diez estudiantes universitarios de sexo masculino aparecen en línea y en la edición impresa de noviembre de la revista Alcoholism: Clinical & Experimental Research.

El efecto del alcohol sobre el sueño parece relacionarse con una alteración de la función del sistema nervioso.

Normalmente, cuando la gente duerme de noche, “el sistema nervioso parasimpático, responsable de las actividades de ‘descanso y digestión’, domina al sistema nervioso simpático, responsable de las actividades de estimulación”, explicó en un comunicado de prensa de la revista Yohei Sagawa, médico del departamento de neuropsiquiatría de la Facultad de medicina de la Universidad de Akita. “Deseábamos investigar cómo el alcohol puede cambiar esta relación complementaria”.

Para lograrlo, Sagawa y colegas dieron a los voluntarios del estudio distintos niveles de alcohol: 0 gramos (el grupo de control), 0.5 gramos (dosis baja) y 1.0 gramo (dosis alta), antes de que los participantes se fueran a dormir, en tres ocasiones distintas.

Usando electrocardiogramas, los investigadores se enfocaron entonces en la relación entre la variabilidad de la tasa cardiaca del corazón de los voluntarios y su sueño. El equipo halló que el alcohol aumentaba la tasa cardiaca e interfería con las funciones restauradoras del sueño, y mientras más alcohol bebían los participantes, mayor era el efecto.

“Aunque la primera mitad del sueño tras la ingesta de alcohol parece buena en el EEG, el resultado de la evaluación sobre el sistema nervioso autonómico muestra que beber lleva al insomnio y no a un buen sueño”, dijo Sagawa.

El efecto sobre los bebedores habituales podría ser incluso peor, señaló uno de los coautores del estudio.

“El estudio actual evalúa los efectos agudos tras una sola dosis de alcohol, y halló una consecuencia negativa de salud subsiguiente”, apuntó en el comunicado de prensa Seiji Nishino, director del Laboratorio del Sueño y la Neurobiología Circadiana de la Facultad de medicina de la Universidad de Stanford en La Jolla, California. “Muchos sujetos beben alcohol de forma habitual, y si la reducción de la actividad nerviosa parasimpática durante el sueño ocurre de forma crónica, las consecuencias negativas para la salud podrían ser mucho mayores y podrían inducir varias enfermedades”.

“Generalmente se considera que tomarse una copa podría ayudar a dormir, sobre todo a comenzar a dormir”, añadió Nishino. “Esto podría ser verdad para algunas personas que ingieren poco alcohol. Sin embargo, debe señalarse que ingerir grandes cantidades de alcohol interfiere con la calidad del sueño y el papel restaurador del sueño”.

 

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¿Tiene que mejorar su memoria? Asegúrese de dormir bien

Dormir toda la noche ayuda a las personas a afianzar lo que aprenden, afirman unos investigadores

healthfinder.gov

Dormir bien toda la noche puede ayudarle a recordar nuevos rostros y nombres, informan unos investigadores.

Los investigadores mostraron 20 fotografías de rostros con sus correspondientes nombres a 14 voluntarios que tenían entre 20 y 29 años de edad. Doce horas más tarde, se mostraron las fotografías a los participantes de nuevo, y se les preguntó si los rostros y los nombres se correspondían.

La prueba se llevó a cabo dos veces: una vez después de que los participantes habían dormido hasta ocho horas, y una vez con un día de actividades regulares de por medio. Tras dormir, los participantes emparejaron correctamente un 12 por ciento más de caras y nombres.

Ni la duración ni la profundidad del sueño de los participantes influyeron sobre su capacidad de emparejar rostros y nombres, pero se necesita más investigación para averiguar si esos factores son importantes, según los autores del estudio, que aparece en una edición reciente de la revista Neurobiology of Learning and Memory.

“Sabemos que el sueño mejora a muchos distintos tipos de memoria. Aunque un par de estudios han observado cómo las siestas podrían afectar nuestra capacidad de aprender nuevos rostros y nombres, ningún estudio anterior había observado el impacto del sueño de toda una noche entre el momento del aprendizaje y el de la prueba”, comentó en un comunicado de prensa del Hospital Brigham and Women’s de Boston la autora para correspondencia del estudio, Jeanne Duffy. Duffy es neurocientífica asociada de la división de trastornos del sueño y circadianos del hospital.

“Hallamos que cuando los participantes tuvieron la oportunidad de dormir toda una noche, su capacidad de identificar correctamente el nombre asociado con la cara (y su confianza en sus respuestas) mejoró de forma significativa”, afirmó.

Los hallazgos sugieren que dormir bien toda una noche tras aprender cosas nuevas podría ayudar a las personas a retener más de esa nueva información, según los investigadores. Este estudio observó a adultos jóvenes, pero los autores desean llevar a cabo estudios similares con personas de todas las edades, incluyendo a adultos mayores.

“El sueño es importante para aprender nueva información. A medida que la gente envejece, es más probable que contraigan perturbaciones y trastornos del sueño, lo que podría a su vez provocar problemas con la memoria”, planteó Duffy. “Al abordar los problemas del sueño, quizá podamos afectar la capacidad de las personas de aprender cosas a todas las distintas edades”.

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El sueño adicional podría ayudar a aguantar el dolor, según un estudio

Dormir diez horas por la noche redujo la sensibilidad de las personas a los estímulos dolorosos

Dormir más mejora la alerta diurna y reduce la sensibilidad al dolor en los adultos sanos, según un nuevo estudio de tamaño reducido.

La investigación incluyó a 18 voluntarios con privación leve del sueño que pasaron cuatro noches en que durmieron el tiempo normal para ellos o en que alargaron su periodo de sueño a diez horas por noche. El grupo de sueño extendido durmió, en promedio, 1.8 horas más por noche que el grupo de sueño normal.

Las pruebas mostraron que el aumento en el tiempo de sueño por noche se asoció con una mayor alerta diurna y menos sensibilidad al dolor.

El tiempo que las personas en el grupo de sueño extendido podían mantener el dedo en una fuente de calor aumentó en un 25 por ciento, hallaron los investigadores. Ese aumento es mayor que el hallado en un estudio anterior en que los participantes tomaron 60 miligramos del analgésico codeína antes de someterse a la misma prueba de sensibilidad al dolor.

El estudio, que aparece en la edición de diciembre de la revista Sleep, es el primero en mostrar que extender el sueño en las personas ligeramente privadas del sueño reduce su sensibilidad al dolor, apuntaron los investigadores en un comunicado de prensa de la Academia Americana de Medicina del Sueño (American Academy of Sleep Medicine). Este hallazgo y otros anteriores sugieren que la falta de sueño aumenta la sensibilidad al dolor.

“Nuestros resultados sugieren la importancia de un sueño adecuado en varias afecciones de dolor crónico o en la preparación para los procedimientos de cirugía electiva”, apuntó en el comunicado de prensa el autor líder Timothy Roehrs. “La magnitud de la reducción en la sensibilidad nos sorprendió, cuando se comparó con la reducción producida por tomar codeína”.

Aunque el estudio encontró una relación entre el sueño adicional y una menor sensibilidad al dolor, no demostró causalidad.

 

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