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Vivir no es sólo existir, sino también dormir
Cuando se explican situaciones en torno al sueño, las primeras dudas que surgen son sobre los perjuicios de dormir poco. Uno de ellos sería que al dormir menos, los hombres especialmente, reducen sus años de vida, y otra consecuencia, la relación entre la falta de sueño y la obesidad infantil. Veámoslo.
MANUEL PORTOLÉS Gregorio Marañón (1887-1960), endocrino español, historiador, escritor y muchas cosas más, decía «Vivir no es sólo existir, sino existir y crear, saber gozar y sufrir, y no dormir sin soñar; descansar es empezar a morir». Hoy sabemos, según se publica esta semana en la revista Sleep, que los hombres que duermen por periodos cortos de tiempo o que padecen de insomnio, fallecen antes; es decir, dormir menos cada día puede reducir la longitud de la vida. Por el contrario, en las mujeres que duermen poco no se observan estos descensos en la esperanza de vida… todavía.
El estudio realizado en el laboratorio del sueño de la Universidad de Pensilvania (EE UU) incluyo a más de 1.500 personas de una edad a los 50 años, que fueron vigiladas durante 14 años, los hombres, y 10 años las mujeres. Los resultados demuestra que, en esos periodos, el 20% de los hombres «poco dormilones» (menos de seis horas/noche) murieron, y tan sólo el 5% de las mujeres insomnes; y todo ello a pesar de que el insomnio, al menos en este estudio, era más predominante en las mujeres (8%) que en los hombres (4%). Los investigadores señalan como responsables de estos resultados al sistema inmunitario que podría alterarse y a una mayor tasa de obstrucción arterial entre los insomnes.
Otro estudio publicado también en Sleep, indica que los adolescentes que duermen menos de ocho horas/noche están en riesgo de sufrir obesidad, pues aumentan el consumo de dietas con alto contenido en grasas, e ingieren más calorías (refrescos), que aquellos que permanecían en los brazos de Morfeo más de ocho horas. La falta de sueño cambiaría el nivel hormonal (leptina y grelina, son reguladoras del apetito) modificando su propio metabolismo, y junto a la obesidad, podrían surgir otros problemas graves como la resistencia a la insulina. La recomendación de sueño para esta etapa de la vida sería en torno a nueve horas cada noche.
También esta semana leemos en Archives of Pediatrics and Adolescent Medicine, que la falta de sueño podría relacionarse con la obesidad infantil; el 30% de los pequeños (de 5 a 13 años) que no duermen lo suficiente aumentan de peso, y adquieren mas papeletas para desarrollar una obesidad. Los investigadores de la Universidad de California, en Los Ángeles, demuestran que las siestas diurnas no son el sustituto del sueño «no consumido» por la noche, en términos de inducción de obesidad.
A estos datos que acabamos de comentar, y que relacionan la obesidad con la falta de sueño, en niños y adolescentes, hay que sumarles los que aparecieron en International Journal of Obesity, en el mes de julio, que relataban también los problemas del sueño con un aumento de peso en la mediana edad (de 40 a 60 años), especialmente en las mujeres. Los investigadores, en este caso de la Universidad de Helsinki, analizaron la alimentación de más de 7.000 individuos durante siete años, y vieron que el 35% de las mujeres con problemas de sueño aumentaron 5 kilos su peso; este suceso no se dio entre los hombres insomnes… por ahora.
Y siguiendo con los problemas de sueño, un estudio realizado en la Universidad West Virginia (EE UU), demuestra contrariamente a la creencia popular, que los padres primerizos, y en especial las madres novatas, sí duermen lo suficiente durante los primeros meses de vida de sus bebés. El análisis publicado, a finales de agosto, en American Journal of Obstetrics and Gynecology, añade que este sueño de los neófitos no es de buena calidad; los resultados dicen que las madres dormían una media de siete horas, aunque el sueño era interrumpido con frecuencia. Al final de la noche pasaban dos horas despiertas, intercalando sueño con vigilia, lo que origina un cansancio tal, que podría aumentar las probabilidades de sufrir depresión postparto y de influir negativamente en su vida.
«Si es bueno vivir, todavía es mejor soñar, y lo mejor de todo, despertar», decía el poeta Antonio Machado (1875-1939)… despertar descansado, permítanme que añada. En la botica contra el sueño, se incorpora ahora la soja, que reduce los problemas de insomnio en mujeres mayores. Lo cuentan, estos días, científicos de la Universidad Federal de Sao Paulo (Brasil) en la revista Menopause. Responsables de estos beneficios deben de ser compuestos similares a los estrógenos, como las isoflavonas (80 mg) de la soja. A las mujeres se les realizó una polisomnografía (análisis del sueño y sus movimientos) y las que tomaron soja mejoraron su descanso y disminuyendo el insomnio un 53%. Saludos a Morfeo.
Consumo de alcohol y trastornos circadianos
Beber de forma crónica modifica la producción de los genes que controlan los ritmos biológicos (circadianos) diarios del organismo, lo que lleva a problemas como trastornos del sueño y cambios en el estado de ánimo, según un artículo reciente aparecido en la revista Alcoholism: Clinical and Experimental Research. Los genes del reloj circadiano de los pacientes alcohólicos tenían niveles significativamente más bajos de ARNm, es decir, niveles más bajos de expresión. Así, según los investigadores de la Universidad de Taipéi (Taiwán), el consumo crónico de alcohol se asocia con una destrucción de la expresión génica que se relaciona íntimamente con la disfunción del ritmo circadiano, y podría vincularse a otros problemas fisiológicos, como la desregulación del ciclo de sueño y vigilia, la depresión e incluso el cáncer.
levante-emv.com
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